Los regalos de BsAs

Movido por el saludable “efecto blonde” voy a postergar para otras entradas los relatos sobre la realidad más cruda y dedico ésta a seguir contando algunas de esas sensaciones placenteras que te puede regalar Buenos Aires.

Agenda
Una de las principales razones que me llevaron a elegir esta ciudad como uno de los destinos de mi paseo era vivir su cultura, sobre todo la musical. Y así tengo una hoja-agenda en la habitación en la que voy apuntando los distintos eventos de los que me voy enterando. Incluso la mayoría de los pocos huecos que se pueden apreciar en la foto, no han quedado sin encontrar algún interesante sitio a donde acudir a última hora. Acabo estresado de un lado para otro…Y a modo de ejemplo, me voy a quedar con lo vivido este fin de semana.

El viernes por la noche, tras salir de una interesantísima “clínica” de improvisación a la que tuve la fortuna de apuntarme (me venía grande, la verdad, pero me llevo todo lo aprendido en la mochila, volverá muy cargada y con deberes musicales para muchos años…), acudí a “Libario”, un garito de Palermo en el que iba a haber una “jam”, información pasada por Pablo Clavijo, uno de mis dos profes de saxo, y él además iba a tocar.
Libario
Entré al lugar con mi saxo a las espaldas, lo cual por suerte no despertó el menor interés de nadie, ya que el número de músicos por metro cuadrado en ese garito era inconcebible. Ví a Pablo que estaba vomitando notas emocionado (es el pequeñico de la derecha), escondí mi saxo no fuera que a alguien se le ocurriera invitarme a tocar (creo que ya he perdido la vergüenza casi totalmente, pero no la prudencia) y me hice un hueco para disfrutar de la noche. Una “jam”, para los que no tengan del todo claro lo que significa, es una reunión de músicos locos por el jazz deseosos de demostrar su habilidad con el instrumento, o dicho de otra manera, de mostrar cuán grande la tiene cada cual. Y entre las exaltaciones públicas del ego, pueden surgir esos instantes gloriosos en los que unos individuos que nunca han tocado juntos consiguen hilvanar una sucesión de acordes capaces de emocionarnos a todos.
Conocer a Pablo me permitió estar sentado junto a los músicos y compartir con ellos las cosas que iban sucediendo y escuchar sus comentarios. Fue interesante el momento en el que llegó un tipo de color, negro (“Les Luthiers” dixit), y nervioso empezó a montar el saxo para intentar salir a tocar en el tema que estaban pertrechando. Lo consiguió y salió a escena poniéndose en primera fila de los músicos desgranando notas furioso como si le hubiese retado el mismísimo Parker… Se ganó los aplausos de cierta parte del público pero también algunos agrios comentarios en voz baja de los músicos que estaban a mi alrededor… Luego se calmó, se supo poner en segunda fila, y consiguió que el resto de músicos no terminaran odiándole. Fue algo así como cuando vas al baño que no puedes aguantar más, no haces caso a nadie, descargas, resoplas aliviado y ya vuelves a ser persona.

Anécdotas aparte, lo que me tiene perplejo al respecto de esto desde que llegué, es el comprobar que hay un cierto sector de jóvenes (la gente que estaba en ese lugar rondarían entre los veintipocos años, algún que otro treintañero, y luego servidor, el anciano de la tribu…) que optan por pasar sus noches del fin de semana tocando jazz o escuchándolo. Pero esto no solamente sucede en un bar; la otra semana estuve en una jam que hacían en un piso de unos pibes. En BsAs es frecuente que los jóvenes monten fiestas en los pisos (igual que nuestros jóvenes hispanos que montan fiestas en “peñas” y locales). Pero creo que sería casi imposible encontrar en nuestro país una fiesta de estas en la que ese montón de jóvenes de veinte pocos años estén un viernes o un sábado noche tocando o escuchando jazz… Sí, es evidente que no son la mayoría, pero es una hermosa realidad que echo a faltar por mis pagos.

Y el sábado por la noche, dando un pequeño salto en el fin de semana, el Thelonious (uno de los famosos garitos de jazz de la ciudad) congregaba a otro montón de jóvenes (además del anciano…) que fueron a escuchar a una especie de big-band “jazzera” de unos niñatos que tocaban como cabrones (mi Fernet con cola iba lleno de cubitos de envidia, no sé si sana o no…).

Carmen
Pero el sábado por la tarde me regaló otra sorpresa musical. Un enorme cartel con la foto de una hermosa “mina” me hizo detenerme, enamorarme y preguntar. Carmen Consoli, una italiana desconocida para mí, actuaba con su banda en el Teatro Avenida. Además era gratis, por lo que había que hacer cola para conseguir la invitación. Y como no tenía otra cosa mejor que hacer, allí que me metí en la fila, bastante nutrida ya, esperando a ver si había suerte y me llegaba una entrada. La espera prometía ser algo larga así que puse a prueba la cháchara porteña. Empecé a charrar con la gente de la fila y en la hora larga que allí estuvimos, con el más locuaz (un encantador exhippie, como el se autodefinió, de unos 65 años) dimos un buen repaso a la realidad político-social de argentina, y ya puestos nos metimos con la española, terminando poniendo patas arriba al mundo… No, no es posible aburrirse haciendo cola en este país. Y luego ya vino la actuación de la Consoli. Mi compañero de espera coincidía conmigo en que cantara como cantara ese angelical ser, sólo por verla de cerca merecía la pena todo el tiempo pasado esperando una entrada. Qué majo! qué bonito comprobar que a esas edades la ilusión sigue intacta.
Carmen es siciliana. Comenzó acariciando unos acordes en su guitarra pero cuando su siciliana voz salió de su boca, mi compañero y yo nos echamos para atrás. Lo primero que pensé fue “qué negocio más nefasto sería enamorarse de esta mujer…”.  Fueron dos horas mágicas que se suele decir, con un espectáculo que congregaba la tremenda fuerza de esa criatura con la sutil belleza de los temas interpretados por unos músicos capaces de perturbar a todos los que teníamos la fortuna de estar allí, junto con la delirante coreografía montada por una diminuta pero arrasadora actriz que nos dejaba con la boca abierta cada vez que aparecía en el escenario. Un par de veces se me humedecieron los ojos, debo admitirlo.

Esta mañana leía una entrevista a Saramago y en una de sus respuestas decía: “Si hemos de buscar el sentido de la música, de la filosofía, de una rosa, es que no estamos entendiendo nada”. El arte, buscar la belleza, compartir el espacio y el tiempo con seres como nosotros que sean capaces de conmovernos, y lo más grande, ser capaz uno mismo de hacer algo hermoso que emocione a los demás (joder, ya puedo ponerme a estudiar escalas como un animal, je), es la respuesta, me parece a mí, a esa permanente duda sobre el sentido de nuestra existencia. Y esta bárbara ciudad llena de dolorosos contrastes, tiene entre sus virtudes ser muy generosa con la belleza.

Hay una frase que Ramón Trecet repetía día tras día durante muchos muchos años al acabar su programa de radio (si sigue haciendo su programa, “Diálogos 3”, estoy seguro de que la seguirá repitiendo incansable), y que tardé un tiempo en entender y hasta me generaba contradicciones, hasta que un día comprendí su profundo significado: “Buscar la belleza es la única protesta que merece la pena en este asqueroso mundo”.

8 comentarios sobre “Los regalos de BsAs”

  1. morigan dijo:

    Ostias, yo tambien me hago calendarios caseros como ese tuyo, para planificar los eventos, y no olvidarme de nada, aunque en mi caso las entradas son del tipo: “Pasar por el banco a amortizar hipoteca” o “Llamar a los del gasoil para llenar el deposito”…

  2. morigan dijo:

    Es admirable ver las cosas tan bonitas que explicas sobre la belleza de la musica. En mi caso, no obstante, al ser profano en el tema, es como si a mi padre le explicases la importancia de los logaritmos neperianos…
    Es extraño, tiempo atras me atraia la musica, y tu bien lo sabes (la ELO, Supertramp, Alan Parsons, Azul y Negro, Depeche Mode, etc…) y ahi me quedé, en los ultimos 15 años, ya casi no he añadido ningun nuevo grupo a mis gustos musicales. Pero claro, estoy hablando de musica comercial, que poco tiene que ver con lo que explicas tu… seria como comparar un buen restaurante tradicional, con la cocina de Ferran Adria… Ahora ya casi no escucho musica, de hecho a veces pienso que si la musica desapareciese del planeta Tierra, creo que a mi no me afectaria apenas, y sin embargo, otras personas casi no podriais vivir sin ella.

  3. morigan dijo:

    Pero bueno, tranquilos que soy un tipo normal, ¿eh? Es simplemente un tema de prioridades, cuando voy en el coche prefiero escuchas noticias, que musica, y en casa, o no tengo tiempo, o prefiero el silencio a mi alrededor… tan solo de vez en cuando recupero algun CD antiguo, y me emociono como antaño escuchando acordes que me son familiares y me traen recuerdos de juventud.

    Bueno, hace un par de dias que aqui no escribe nadie, a ver si os animais, que este hombre alla abajo nos echará de menos !!! O es que todavia estais hundidos por la derrota de Alonso? Venga, que no es para tanto, Kimi tambien se lo merecia, y el año que viene, lo podremos volver a intentar… sobre todo que no gane el de color, negro…

  4. chupillo dijo:

    Me ha encantado la crónica de las noches jam (noches jabugo). Te estás volviendo filósofo, tío. Ciertamente la vida vivida se vislumbra justo en esos momentos, en la cola de un teatro, en la emoción de una voz como la de ese querubín Consoli bajado de alguna constelación para consolarnos a los pobres mortales refocilados en nuestras equivocaciones cotidianas. Menos mal que (junto a la cochina envidia) aún queda la imaginación para trasladarse a aquellos lugares donde aún anida la sopresa.
    Hola Blonde, que estás muy callada

  5. capazo dijo:

    Pepelu, mas dejao impresionao. Sin moverme de mi pc has conseguido llevarme a la primera fila de esas jam sesions, y ya sabes como me gustan esos ratos a mi, a pesar de que no conozco muchas y mis inicios son muymodestos, cachirulos night, aparte. Y lo del teatro, pues tambien te he pillao. Sigue recopilando emociones y momentos, seremos todo oidos cuando nos lo cuentes in person. Por aqui tambien seguimos vivos. El sábado tuvimos la visita de la Piket Swing Band y montamos una actuación en el mercao, como tocan los condenaos y anda que no les gustaron las judias que preparo Rafa. Cuidate.

  6. jlpueser dijo:

    Hombre morigán, yo no diría que Supertramp, la ELO, Alan Parsons o esos grupos que nos gustaban hace tanto tiempo (y que me siguen gustando) hacían música comercial. Eran unos musicazos, no tengo la menor duda. Además, mi pasión por el saxo no se la debo a Coltrane, Parker o cualquiera de los capos del jazz, si no que tiene la culpa Heliwell, el saxofonista de Supertramp que fue quien me enganchó a ese instrumento y me hizo decir un día, “hostia, qué bonito suena el cacharro ese, tengo que aprender a tocarlo”. Y bueno, en ello sigo…
    Pero sí, si que es verdad que la música es una parte fundamental en mi vida, es la forma de arte que más veces ha conseguido ponerme la piel de pollo, y eso es muy importante. Cuando en Salvador me pasó lo del oído, me asusté muchísimo, y ahora siempre que voy a algún lugar donde preveo que se van a sobrar con el sonido, me llevo los tapones.

    Chupillo, es que cuando pasas tantas horas acompañado contigo mismo no haces más que dar vueltas y vueltas al tarro… Pero sí, tienes razón, la imaginación es importante, nos permite escapar sin salir de casa y también planear una escapada de verdad. Por cierto, blonde no está callada, que ha dejado un comentario bien bonito en la anterior entrada.

    Capazo, claro, es que en el pueblo hay pocas oportunidades para asistir a jams y similares. Pero yo creo que si cambiais el “chip” de las distancias todo se puede arreglar; ya hace tiempo que Einstein nos contó aquello de que todo era relativo… Vamos a ver, ¿cuánto hay del pueblo a Zaragoza? Hora y poco. Aquí normalmente los garitos a los que voy me quedan a casi una hora entre que pillas el colectivo y todo eso. Ha habido noches que volver a casa me ha llevado hasta hora y media. Es evidente que no vas a coger el coche para ir a zgz todas las semanas, pero sólo con que fueras una noche al mes, disfrutarías de doce magníficos conciertos al año. La vida en un pueblo tiene muchas ventajas, pero enclaustrarse allí puede ser malísimo. Hala, ya puedes meterte en el siguiente enlace http://www.auditoriozaragoza.com/ES/indexe.htm y miras a ver a qué conciertos vas a ir del festival de jazz. Y ya que yo no podré estar, tómate unos tragos a mi salud.

  7. Aupaedurne dijo:

    Morigan: Si la música desapareciera del planeta tierra, la echarías de menos, vaya q la echarías. Es +, creo q nos volveríamos locos sin música.

    Otra página interesante, Capazo, es www.aragonmusical.com q tiene una agenda muy completica. Supongo q la conocerás. De hecho, no hace falta venirse a la capital del reino de Aragón para disfrutar de la música, a tu añrededor suceden cosas. Simplemente hay q saberlo.

    Chupillo, esa idea tuya de las noches jabugo sería el complemento ideal a una buena jam… Habrá q madurarlo, tal vez en esa qdada blogera.

    Y venga, jl, q ves, q sí, q vuelvo a escribir en el blog, q de vez en cuando hasta te hago casoooo.

  8. jlpueser dijo:

    Sí, morigán, aupa tiene razón, la echarías de menos, nos mustiaríamos todos. Si con la música este planeta está como está, sin ella el apocalipsis final sería cosa de minutos…

    Capazo, vengo ahora mismo de ver a una big-band, en el teatro Alvear, uno de los innumerables de Corrientes. No he llevado la cámara, lástima, así que voy a los datos, para que veas cómo se las gastan por estos pagos. Pues había 6 altos (uno de ellos también tocaba el clarinete), 4 tenores, 1 barítono (en total 11, esto si que es “power-sax”), 1 fliscorno, 6 trompetas, 5 trombones, 3 flautas (con sus correspondientes flautistas, bellísimas por cierto), bajo, guitarra, piano, batería y percusión. Pero por si fuera poco, también había 3 cantantes que se iban turnando (haciendo incluso dúos), y el de la guitarra (que también cantaba). Y por si eso no bastaba, han invitado a un saxo más a hacer un par de temas, un tipo mayor que tenía el culo bastante pelao de tocar (ha sido como volver a ver a Capapé, qué recuerdos!).
    El repertorio, pues un poquico de swing al principio, para justificar que eran un big-band, y luego se han lanzado con versiones de lo más variopintas (Sting, Steve Wonder, Van Morrison, Joe Coker…). En fin, que me lo he pasado en grande. Pero tenían un defecto: los metales tocaban sentados…