Cachi
Tras este periodo de hermosa incomunicación andina, he vuelto a la ruidosa civilización y con ella las puertas de internet se han vuelto a abrir. Pero dejo el Aconcagua para cuando le toque, y voy a retomar lo que me quedaba pendiente.
Las provincias de Salta y Jujuy resultaban lo suficientemente vastas y aparentemente inhóspitas como para que me decidiera a agenciarme un vehículo que me permitiera visitarlas sin el lío de los colectivos o de las agencias que te venden paquetes turísticos carísimos y borreguiles. Y así fue que la agencia “Amapaicha” de Salta se atrevió a alquilarme un Focus nuevecito, con tan solo 6.000 Km.
A los pocos kilómetros de dejar Salta dirección a Cachi, el asfalto se convirtió en tierra. Ya había sido avisado de que el asfalto no llega a todos los sitios en este país.
Y al poco de transitar por la ruta de tierra, apareció este pequeño riachuelo… No alcanzaba el dinero para asfalto y lógicamente mucho menos para puentes o similares. Pero lo que me dejó más atónito fue la señal que había en la siguiente curva y a la que no pude hacerle foto porque me seguía un camión nervioso. La señal decía: “Recuerde que lleva los frenos mojados”… sin más comentarios.
El ”rally” siguió tranquilo hasta Cachi, pasando ya por zonas que estaban a 3.400m. y el Focus portándose de maravilla, con sus amagos de derrapaje incluidos.
Yo venía hasta esta zona obsesionado por lo que había visto en el mapa: montañas de más de 6.000 m, que parecían casi a tiro de piedra en el mapa. Y Cachi, pueblo a 165Km de su capital, la mayoría de los cuales discurriendo por tierra, era un lugar tranquilo y agradable, a la vez que sorprendentemente lleno de vida. Pero yo iba a lo que iba, a hacer el cabra, y me fui a dormir con la idea de madrugar para intentar acercarme lo más posible a una cumbre de 6.250m. que había por ahí cerca, ignorando por supuesto todo lo referente al mal de altura y a mis condiciones físicas de personje que venía de vivir los últimos meses en “il dolce far niente de Brasil” y la vida nocturna de Buenos Aires…
El objetivo era ese picacho blanco que se ve al fondo. Y ahí que me lancé a las 8 y media de la mañana, con media docena de plátanos, 3 naranjas, un trozo de pan y queso, y litro y medio de agua. Ah, y mi bolsita de hojas de coca, que no pensaba utilizar, por supuesto, sólo las llevaba para un caso de emergencia extrema. (Bueno, intentaré resumir las 11 horas de caminata para no ser demasiado pesao…)
A las 3 horas de subida comencé a masticar las hojitas de coca… Cierto acojono ante unos síntomas “extraños” y la inmensa soledad que me rodeaba, me llevaron a engullir mi orgullo y a hacer lo que dice el manual del lugareño. Y la verdad es que la cosa funciona, me empecé a encontrar mejor, y pude afrontar los pedregales que se me venían encima uno tras otro con algo más de frescura (la senda se terminó al poco de salir, y ya no supe de más de ella).
Había escuchado muchas veces, incluido en este blog, eso de que con la altura te cuesta caminar, que cada paso te lo tienes que pensar y todo eso, y… bueno, pues es cierto, suceden esas cosas cuando no estás habituado, y si además eres el despojo fruto de caipirinhas sin control y Fernets con cola hasta las tantas, pues para qué contar…
La montañita estaba cada vez más cerca, pero no sé si refleja en mi rostro que yo cada vez la veía más lejos…
Me puse un límite horario, una hora en la que estuviera donde estuviera me diera la vuelta y tomara el “camino” de regreso para poder llegar hasta el coche con algo de luz del día. Mientras avanzaba, cada vez más lentamente, me encontré a una vaca (¿qué cojones hacía allí esa vaca?) muerta y devorada por los bichos, y pensé “mira imbécil, como te caigas y sólo que te tuerzas un tobillo, te va a pasar lo mismo que a la vaca….”. Ciertamente hacía horas que no había ni el más mínimo rastro de que por allí hubiera pasado algún ser humano, y ningún indicio de que fueran a pasar…
Llegada la hora fijada, me detuve derrotado y miré lo “poco” que me faltaba. No tuve fuerzas ni para hacer una foto decente…
Supongo, por lo que luego me contaron, que llegué muy cerca de los 5.000m.
Y ya sólo quedaba bajar… Mi corazón se recompuso, pero tenía que usar mi dolorida cabeza al 100% para no cometer ni un solo error y dejármela ahí entre los pedruscos que tenía que sortear uno tras otro.
11 horas después de la salida, y ya avistando ahí cerquita el árbol de referencia que tenía para regresar, me encontré a unos humanos que regresaban de una excursión por los alrededores y me invitaron a subir a su 4×4. Mi orgullo dijo “no, gracias”, quería acabar la escasa media hora que me quedaba para llegar yo solito, pero mi boca dijo, “sí, gracias”, y me subí al auto… Dos eran unos guias lugareños, que llevaban a dos mozas que les habían contratado, y tras explicarles lo que había hecho, me venieron a preguntar con amables palabras si era imbécil o gilipollas… Me preguntaron si no había visto ningún puma, al parecer viven varios por la zona. Les dije que no, que mi ilusión era precisamente haber visto animales, pero lamentablemente todo estaba en un silencio casi absoluto, ningún rumor de animal alguno… Y entonces aún me miraron más asustados, y dijeron “cuando no se escucha ningún ruido de animales es porque están todos escondidos porque perciben el peligro de algún puma cercano…”. Así que igual andaba yo escoltado por algún lindo gatito esperando paciente a ver si caía entre los peñascos…
Ya relajado por la noche ante un buen plato de comida y con la casual compañía de la pareja que conocí en Quilmes (Rodrigo y Cecilia), y también con las chicas que me recogieron en el 4×4, empecé a sentir los efectos del mal de altura cuando se pasó el efecto de la coca, y la cabeza parecía que me iba a estallar. Pero estaba sano y salvo, y el dolor de cabeza no podía empañar la satisfacción que me producía haber hecho el animalico y poder contarlo…
21 de Noviembre, 2007 - 12:22
Si es que cabeza huevo no se te puede dejar solo ni durantes 5 meses sin que la líes.
Ya te vale ya el subir sin ningún tipo de información de la zona, imagínate lo que podría haber pasado… pero por fortuna no paso nada. Al puma le hizo mas apetito la carne de la vaca que la tuya con poca chicha. jajaja
Disfruta del tiempo que te queda allí que ya veras lo que te espera…
Un fuerte abrazo.
21 de Noviembre, 2007 - 13:50
Pa haberte mataó!!!! madre míaaaaa… Y es que en esos viajes de retiro espirirual se hacen locuras que en tu día a día no harías…qué bien que puedes contárnoslo!!!!, pero ten cuidadín maño, que te queda poquito y te queremos sano y salvo, al menos salvoooooooo!!!!
Muchos besitos y hasta pronto!!!
PD. ¿estás más delgadín?
21 de Noviembre, 2007 - 16:45
Es verdad, yo también le veo más delgado.
Tienes razón Lady H
21 de Noviembre, 2007 - 17:03
Hostia, tío. Tú solo allí, en casadiós, con todos los zaborros más salvajes del planeta. Tas loco.
Estas navidades te voy a llevar cecina, que tiene mucha proteína.
De esta no te libras. Por lo menos la próxima vez los pumas que tengan
algo que comer. Si no te atacaron los gatos es porque tenían “mal de hartura” tenlo por seguro.
21 de Noviembre, 2007 - 17:34
Estalentao!
21 de Noviembre, 2007 - 20:13
Desde luego estás zumbao, tío. Una de las cosas más impredecibles del mal de altura según me contaron en Perú es el sueño. Tanto, que sin darte cuenta te puedes quedar frito -más bien en coma- en cualquier lugar durante horas. Y tu, encima, sólo con unos platanicos, un litro y medio de agua, y un gato pisándote los talones -seguro que te vigilaba-.
Cuando te propuse un estudio sobre el apareamiento no me refería a eso, maño. Endeluego que estás payá, pero me he reido mucho leyendo tu entrada.
Besicos.
(yo creo que sí está más delgado, un poco demacrado incluso, no sé si por el susto)
21 de Noviembre, 2007 - 23:50
Bueno, en esa foto no estaba más delgado, simplemente más demacrao por el agotamiento. Ahora sí que estoy más delgado después de las palizas andinas. A ver si en baires me da tiempo a recuperar algún kilo…